domingo, 16 de noviembre de 2014

Rincones para bibliófilos: La biblioteca del Monasterio Strahov (Praga).

Hoy os traigo una nueva entrada de "Rincones para bibliófilos", aquella sección que estrené hace tiempo para mostraros la ya desgraciadamente extinta Libreria Beta Imperial de Sevilla y que, por causas diversas, no había vuelto a aparecer por aquí.

Y el rincón que os traigo hoy es una preciosa biblioteca que tuve ocasión de visitar hace unos cuantos años, aunque mi visita en aquella ocasión fue un poco frustrante, por las circunstancias del momento. Se trata de la biblioteca del Monasterio Strahov, en la ciudad de Praga (República Checa).

Vistas del monasterio desde la Colina
Petrin
El monasterio pertenece a la orden Premonstratense o Mostense, fundada por San Norberto. Fue construido por primera vez en 1143, bajo el mandato de Vladislao II, una pequeña construcción en madera que poco a poco fue reconstruido en piedra, bajo los cánones del estilo románico.

La construcción inicial fue destruida casi en su totalidad por un incendio en el año 1258. Su reconstrucción le dieron aspecto de construcción barroca. Posteriormente, fue saqueado y parcialmente destruido en varias ocasiones: en 1420, por los protestantes en las revueltas husitas; tras la Guerra de los 30 años, por soldados suecos que llegaron para desvalijarlo; bombardeado por los franceses en 1742...

De las reconstrucciones posteriores a estos ataques fue surgiendo la famosa biblioteca del monasterio tal como hoy día puede conocerse. Ésta está compuesta por dos salas:

Sala Teológica de la biblioteca
* Sala Teológica: se terminó en 1679, bajo el mandato del abad Jeroným Hirnhaim. Obra del arquitecto italiano Giovanni Domennico Orsi, esta sala es una auténtica joya, para mi gusto la más bonita de la dos.

Como podéis ver en la fotografía, los volúmenes se disponen en las estanterias verticales que a su vez forman las columnas que soportan los arcos del techo, de clara influencia italiana, con frescos pintados en el techo por Siard Nosecký.

Esta sala contiene más de 18.000 volúmenes, todos ellos de contenido religioso o teológico. Además esta sala contiene una talla de San Juan Evangelista en madera y una serie de globos terráqueos, muchos de ellos antiquísimos, procedentes del taller de la familia Blaeu de Rotterdam, que datan de los siglos XVI y XVII.

Lamentablemente, y por motivos de conservación de los frescos y los volúmenes que contiene, hace más de veinte años que esta sala no puede visitarse recorriéndola y apreciando cada rincón, como otras muchas estancias del monasterio. Esto es un poco decepcionante, no os lo voy a negar. La única forma de verla es tras un cordón que la precinta y con un anciano al lado vigilando que no lo saltes ni hagas fotos. O que si las haces sea sin usar flash y previo pago de la tarifa estipulada (algo muy característico en Praga y que me llamó mucho la atención: en todos sus monumentos tienen a una legión de jubilados que pululan alrededor de los turistas para que no hagan fotos, incluso algunos te pegan tirones en las cámaras de forma bastante brusca).

Así que tu pagas tu entrada para la visita a la biblioteca, una de las joyas del monasterio, para verla prácticamente igual que si contempláis la foto que os he colgado.

* Sala Filosófica: esta sala es un poco más reciente. Su construcción se produjo en el siglo XVIII, bajo el mandato de Václav Mayer como abad. Es obra del arquitecto Jan Ignác Palliardi y se ubica en lo que anteriormente fue un granero del monasterio.

Sala Filosófica de la biblioteca
Está cubierta de estanterías de nogal desde el suelo al techo. Las estanterías superiores forman parte de una galería a la que solamente se puede acceder a través de unas escaleras de caracol presentes en las esquinas y que se hallan disimuladas con falsos libros.

En el techo también hay frescos, en esta ocasión del pintor vienés Anton Maulbertsch. Frescos donde se pueden contemplar a personajes como Adán y Eva, San Pablo, Aristóteles, San Wenceslao (uno de los patronos de la región de Bohemia) o San Norberto, fundador de la orden, entre otros.

Esta sala alberga unos 42.000 volúmenes, pertenecientes a todas las ciencias conocidas: Filosofía, Astronomía, Matemáticas, Historia...

Por si algun@ lee esta entrada y en un futuro viaja a Praga (ciudad hermosa donde las haya, yo volví enamorada de ella) y pretende visitar el Monasterio Strahov y su biblioteca os diré que el horario de visita es de Martes a Domingo, de 9 a 12 y de 12.30 a 17 horas. La entrada cuesta entre 20 y 60 coronas, según las áreas que vayáis a visitar (en la Iglesia hay un órgano donde tocó Mozart durante su visita) y creo recordar que la entrada a las antiguas ruinas es gratuita (el refectorio es una belleza, está vacío pero los frescos del techo y el púlpito, magníficamente conservados, son dignos de contemplar).

Y si vais os diré que justo a la salida hay un restaurante (cuyo nombre no recuerdo) muy chulo, en el que se toca música medieval in situ y cuyo personal va ataviado también a la usanza de los tiempos en los que se fundó el monasterio. En él se pueden probar los platos típicos de Praga, entre ellos el famosísimo goulasch (que yo no probé). En cambio el Pork Sirloin (plato que yo no volveré a tomar pues por aquel entonces no tenía pareja musulmana) está delicioso. Un restaurante que también merece la pena visitar y no es excesivamente caro.

También hay varios sitios de lo más variopintos en las inmediaciones, como el Museo de las miniaturas, donde toda la colección es microscópica (de hecho las ves a través de eso, microscopios), pero eso ya es otro tema que nada tiene que ver con la literatura. Aunque más adelante volveremos a mi viaje a Praga, para traeros otro curioso rincón para bibliófilos.







3 comentarios:

Tatty dijo...

Oh qué preciosidad!! Praga es una ciudad que ya de por sí me llama mucho y quiero visitarla, está claro que esta será parada obligatoria
Besos

nosolo leo dijo...

hola estos sitios me encantan ojalá tenga oportunidad de viajar a esta ciudad, gracias por la entrada chao

Carmen Forján dijo...

Qué preciosidad!! Yo quiero perderme ahí dentro...
Besines,

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