viernes, 14 de junio de 2013

Recordemos a... Federico García Lorca.


Parece que solo publico esta sección para recordar a poetas y, en cierto modo es verdad, primero Rubén Darío, después Gustavo Adolfo Bécquer y hoy le ha tocado su turno a Federico García Lorca. El hecho de que los tres escritores que de momento han desfilado por esta sección sean poetas, no es más que fruto de la casualidad. Pero, esto es un blog literario, ¿acaso la poesía no es un género literario? Pues ya está, una buena forma de rendirle homenaje a este género menos frecuente entre la blogosfera.

Y es que el pasado miércoles 5 de junio (quisiera haber podido escribir esta entrada el día del aniversario pero me fue imposible), se conmemoraba el 115 aniversario del poeta granadino. Y Google, como viene siendo habitual últimamente, nos lo recordaba a todos con esta imagen:



Supongo que a estas alturas (y espero no equivocarme) todos conocéis de sobra, aunque al menos sea de oídas, a Federico García Lorca, y si no es así, ya estáis tardando en coger alguna de sus obras y devorarlas (después de terminar de leer esta entrada, claro está, jejeje). Pero por si acaso, vamos a recordar un poquito la difícil vida que llevó el pobrecillo.



Federico García Lorca, uno de los poetas más insignes de nuestro país, nació en el granadino pueblo de Fuente Vaqueros, el 5 de junio de 1898. A la edad de 11 años se trasladaría con toda su familia a Granada, pero pasaría gran parte de los veranos en la antigua localidad de Asquerosa (hoy, Valderrubio) donde, Federico daría vida a gran parte de su obra, en la que se nos revela como un agudo observador del habla, la música y las costumbres de la sociedad rural española.

El 1914 se matriculó en un curso de acceso a las carreras de Filosofía y Letras y de Derecho, en la Universidad de Granada. Fue en esta época y ayudado por uno de sus profesores cuando Federico realizaría una serie de viajes de estudios (Baeza, Úbeda, Córdoba, Ronda, Castilla, León, Galicia y Burgos) donde despertaría su vocación de escritor. Fruto de estos viajes, daría vida a su primer libro en prosa "Impresiones y paisajes", en 1918, en edición no venal y cuyos gastos afrontaría su padre.

En 1919 viaja a Madrid, para continuar allí sus estudios. A partir de este año, y hasta 1926, Federico conoció a muchos de los escritores e intelectuales más importantes del país: Luis Buñuel, Rafael Alberti o Salvador Dalí. Llegó incluso a conocer a celebridades mundialmente reconocidas como Max Jacob, H.G. Wells o Madame Curie. Durante sus dos primeros años en la capital publicó su "Libro de poemas" y elaboró varias piezas teatrales, entre ellas "El maleficio de la mariposa". También en esta época conoció a Juan Ramón Jiménez, que dijo de él lo siguiente: "Me parece que tiene un gran temperamento y la virtud esencial, a mi juicio, en arte: entusiasmo”, con el que entablaría amistad, convirtiéndose en su mentor e influenciándolo decisivamente en su quehacer poético. Juan Ramón Jiménez ayudó a Federico a publicar algunos de sus versos en revistas de prestigio.


En 1921, Lorca vuelve a Granada, ilusionado con un nuevo proyecto, la composición de las "Suites". En este mismo año, escribe su segundo libro de versos "Poema del cante jondo", aunque sería publicado una década más tarde. Poco después, Lorca, junto con una serie de poetas españoles, rescatarían la obra de Luis de Góngora, celebrando el aniversario de su muerte y promoviendo la divulgación de su obra y figura. La obra del poeta barroco les impresionó tan profundamente que llegaría incluso a influir en la obra de todos ellos. Sería la conocida como "Generación del 27", integrada por, además de Federico García Lorca, Rafael Alberti, Vicente Aleixandre, Pedro Salinas, Jorge Guillén, Dámaso Alonso, Emilio Prados, Gerardo Diego, Luis Cernuda y Manuel Altolaguirre. Con esto, entre 1924 y 1927, Lorca llegaría a su madurez como poeta, formando parte de uno de los grupos poéticos más importantes de Europa.

Durante 1928, Federico sufrió una grave crisis emocional, debida al éxito de "Canciones" en 1927 y "Primer romancero gitano" en 1928. Esta crisis se agravó cuando, en septiembre de 1928, su amigo Salvador Dalí le envía una carta en la que critica duramente el Romancero gitano, tachándolo de costumbrista, estereotipado e incapaz de emocionar. A esto se le sumó su separación de Emilio Aladrén, un joven escultor con el que mantuvo una estrecha relación afectiva.

Todo esto lo llevo a la búsqueda de un nuevo estilo, lejos de la imagen costumbrista en la que se le estaba encasillando. Para ello, marcha a Nueva York, donde llegaría el 26 de junio de 1929 y permanecería nueve meses, suficientes para cambiar su visión de sí mismo y de su arte. Durante esta época escribió "Poeta en Nueva York", aunque no sería publicado hasta cuatro años después de su muerte.


Tras una breve estancia en Cuba, regresa a España, donde se embarcará en un nuevo proyecto cultural, "La Barraca", grupo de teatro universitario que dirigió junto a Eduardo Ugarte y que representaría obras del teatro clásico español en diversos pueblos del país. Con La Barraca adquirió la destreza necesaria para dirigir otras obras durante su estancia en Buenos Aires, entre 1933 y 1934, entre ellas "Bodas de sangre", "Mariana Pineda" o "La zapatera prodigiosa".

Federico vuelve a España en abril de 1934, poco más de dos años antes de su muerte. Durante este tiempo terminaría obras tales como "Yerma", "La casa de Bernalda Alba", "Doña Rosita la soltera" o "Llanto por Ignacio Sánchez Mejías", y revisó otros ya escritos. También se esforzó en una renovación del teatro español, a través de la representación de sus obras en la Barraca y en otros clubes teatrales organizados. Además planeaba diversos proyectos para el futuro inmediato.

Mientras tanto, la situación política en España se había vuelto casi insostenible, hablándose de un posible golpe militar y con la sucesión de numerosos actos violentos en sus calles. Federico rechazó las insistentes presiones por parte de sus amigos para que se hiciese miembro del Partido Comunista, y al ser conocido como liberal, sufrió distintos ataques por parte de los conservadores, puesto que con sus distintas declaraciones a lo largo de los años, se había vuelto un personaje antipático y poco grato para la derecha.


Intuyendo el inminente inicio de una guerra en España, Lorca abandona Madrid y marcha a Granada con su familia. El 20 de julio de 1936, los falangistas se hacen con el control de Granada, siendo arrestado y fusilado el entonces alcalde de la ciudad, cuñado de Federico. Sabiendo que su situación no era bastante segura, Lorca decide abandonar su casa para alojarse en domicilio de la familia Rosales, en el centro de Granada. Federico guardaba una estrecha relación de confianza con dos de los hermanos del poeta Luis Rosales, destacados falangistas, por lo que con ellos iba a estar seguro.

La tarde del 16 de agosto, Lorca es detenido en el domicilio de la familia Rosales y trasladado al Gobierno Civil de Granada. Entre los cargos de los que se le acusó estaban: ser espía de los rusos, estar en contacto con éstos por radio, haber sido secretario de Fernando de los Ríos y ser homosexual. Los amigos de Lorca en Granada (los Rosales y Manuel de Falla) no escatimaron esfuerzos para salvarle, pero fue inútil. Federico García Lorca fue trasladado a algún punto de la carretera entre Víznar y Alfacar, y fusilado la madrugada del 18 de agosto de 1936, aunque en documentos oficiales puede leerse: "falleció en el mes de agosto de 1936 a consecuencia de heridas producidas por hecho de guerra".

(Información para la biografía extraída de la web de la Fundación Federico García Lorca)

Y ya para terminar, aunque soy consciente de que esta entrada está quedando excesivamente larga, no podía dejaros sin un poema del célebre poeta y dramaturgo granadino:

Alba.

Mi corazón oprimido
Siente junto a la alborada
El dolor de sus amores
Y el sueño de las distancias.
La luz de la aurora lleva
Semilleros de nostalgias
Y la tristeza sin ojos
De la médula del alma.
La gran tumba de la noche
Su negro velo levanta
Para ocultar con el día
La inmensa cumbre estrellada.

¡Qué haré yo sobre estos campos
Cogiendo nidos y ramas
Rodeado de la aurora
Y llena de noche el alma!
¡Qué haré si tienes tus ojos
Muertos a las luces claras
Y no ha de sentir mi carne
El calor de tus miradas!
¿Por qué te perdí por siempre
En aquella tarde clara?
Hoy mi pecho está reseco
Como una estrella apagada.

1 comentarios:

Carmen Forján dijo...

Muchas gracias por esta completísima entrada, Ro.!! Estupendo homenaje!!
Besos,

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