lunes, 12 de septiembre de 2011

Crónica de un robo anunciado (Desenlace)

Lee la historia completa aquí

Cuando estaba a punto de apagar mi ordenador y marcharme a casa un nuevo twit apareció en la pantalla. Los ladrones anunciaron que acababan de subir a la furgoneta y se dirigían al establecimiento elegido para el próximo golpe. Como es de suponer no dijeron a dónde se dirigían, pues pese a todo no eran ningunos tontos. Aquello hizo que me mantuviese pegado al ordenador con los ojos bien abiertos, ávidos por conocer el desarrollo de aquella arriesgada empresa.

A ese primer twit le sucedieron otros muchos a lo largo de la tarde, donde explicaban como llegaban al lugar escogido, como bajaban todos de la furgoneta excepto el conductor que esperaría con el motor encendido, entraban en la joyería y algunos recogían las joyas de mayor valor mientras otros amenazaban con sus armas a los empleados y los pocos clientes que hubiesen pillado dentro para que estuviesen quietos y calladitos durante el tiempo que durase el atraco.


No tenía ni idea de cómo lo estaban haciendo, pero el caso es que estaban cumpliendo el desafío que les habían lanzado, estaban narrando el atraco totalmente en directo. No podía imaginarme a aquella banda de atracadores, unos pendientes de los rehenes, otros metiendo las joyas en bolsas y otro con un móvil o un ordenador tecleando todo lo que iba ocurriendo. Pero estaba sucediendo, aunque no pudiese explicármelo.

En el último twit, los ladrones dijeron que acababan de salir de la joyería, satisfechos con el botín y que ya estaban de camino a su escondite. Al final del mismo anunciaron el nombre del establecimiento afectado. Me quedé petrificado en mi asiento al leer el nombre. Era el centro en el que trabajaba Frank, y a esa misma hora él debía encontrarse trabajando. Así que lo primero que se me ocurrió fue llamarlo al móvil para saber si estaba bien. Pero Frank no respondió a mi llamada. Lo intenté varias veces pero fue inútil. Supuse entonces que como se había anunciado el nombre de la joyería, alguna patrulla se había dirigido hacia el lugar y estarían interrogando a empleados y testigos con el fin de averiguar el aspecto de los atracadores. Decidí no preocuparme demasiado. Recogí mis cosas y me marché a casa.

Mientras iba en el taxi escuchaba por la radio las noticias. La policía afirmaba que tenían localizada la situación del local donde se escondían aquellos canallas y que ya había varias unidades de camino para detener a los culpables. El taxista me comentó que minutos antes la policía había declarado que las actualizaciones de la red social se habían realizado desde un punto fijo y no móvil, es decir, alguno de los atracadores había permanecido en su cuartel general y quizá mediante contacto telefónico con alguno de sus compañeros, iba relatando lo que los demás hacían. La policía se dirigía al lugar donde se habían producido esas actualizaciones. Puede que no pillasen a la banda completa, pero al menos a uno de ellos sí que lo cogerían de improviso.

Cuando estaba a cien metros de casa encontramos el tráfico cortado. Varios coches de policía impedían la entrada a mi calle. Pagué al taxista, cogí mis cosas y continué mi camino a casa a pie. Al parecer los ladrones se escondían más cerca de lo que yo jamás hubiese imaginado. Aquello sería una exclusiva realmente importante para mi carrera.

Cuando llegué me encontré la puerta abierta, forzada. A partir de ahí todo sucedió muy rápido. Nada más entrar, media docena de oficiales se lanzaron hacia mí, me esposaron y me llevaron por la fuerza a comisaría. Yo no entendía nada.

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Acabo de llegar de la cárcel de visitar a Frank. Él ha sido el que me lo ha contado todo. Ahora comprendo por qué me aseguró que tendría buen material para mi noticia, por qué seguía el caso con tanto interés y por qué no me cogió el teléfono cuando lo llamé el día del robo. Frank era el conductor de la banda, el que esperó con el motor encendido, el que bajo una identidad anónima retó a sus compañeros a hacer aquella locura en directo y el que creó la cuenta de twitter desde la que lo narrarían. También fue el que sobornó a uno de mis vecinos para que fuese actualizando dicha cuenta con una serie de hechos que había escrito en un papel. Pero el muy imbécil no se pensó en el tema de la localización de la IP y le prestó al vecino las llaves de nuestro piso y su portátil. Y cuando la policía llegó al supuesto cuartel general y entraron por la fuerza solo encontraron un portátil encendido. En el patio trasero de mi casa. Mi vecino había huido tras postear el último twit.

Al conocer la noticia de mi detención, mi mejor amigo no pudo soportar el remordimiento y se entregó, contando todos los pormenores del caso aunque sin delatar a ninguno de sus secuaces. Su amistad hacía mí lo llevó a la perdición, pues debido al aprecio que me tenía se lanzó en aquel último y arriesgado golpe, solo para darme mi tan ansiada oportunidad de progresar en mi carrera y a causa de su amistad confesó su vinculación al caso para salvarme de las rejas. Cuando me soltaron, me crucé con Frank, que era conducido al calabozo hasta obtener las órdenes del juez. Me miró y me dijo que no me preocupase por él y que lo contase todo, que esa era mi exclusiva, que si había confesado solo había sido para eso y que no me perdonaría el que la desaprovechase.

Y todo sucedió como siempre hube deseado. Mi periódico fue el primero en revelar la identidad de uno de los autores de aquella oleada de robos y de explicar el desenlace de todo aquello. Mi nombre se hizo bastante famoso durante días, pues era el que firmaba la noticia. Recibí varias llamadas de periódicos muy importantes de todos los Estados Unidos, para finalmente entrar a trabajar como corresponsal en el más renombrado de Nueva York. Pero mi éxito es amargo, pues conlleva la reclusión de mi mejor amigo. Y han de pasar doce años antes de que volvamos a encontrarnos.


Rocío Encarnación Cruz (2011).
Safe Creative #1109110045945


A mí el final quizá es lo que menos me convence ahora, se me ocurrió otro mejor una vez terminado, pero ya había publicado la primera parte y como tenía que cambiar algunas cosillas para que todo cuadrase pues decidí dejarlo tal cual. Pero cuando comencé jamás pensé que a partir de esa frase tan difícil iba a escribir seis páginas (y porque decidí cortar y montar el desenlace porque podría haber seguido jeje). ¡¡Espero que os haya gustado aunque sea un poquito!!

2 comentarios:

Déborah F. Muñoz dijo...

guau, sí que te has inspirado! y eso que la frase era horrible!

Maga de Lioncourt dijo...

Te quedó estupendo!!

Me gusta el tono de la narración y la conclusión del caso. Me dejas intrigada con la versión que se te ocurrió después :-)

Disculpa que recién me pase a leer el resto del relato, hace días que tengo el blog abierto para hacerlo y apenas hoy encuentro tiempo.

Besos!

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